“El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión.” John Ruskin
Para el régimen y sus secuaces resultan imprescindibles la polarización y la fractura para mantenerse en el poder. Así lo entendieron hace más de un década, y de tal manera han venido moldeando y desfigurando la mentalidad de buena parte de la ciudadanía, alimentando la discordia y desgarrando lo que teníamos - como Nación - de tejido social; apostando al sempiterno conflicto, sin buscar persuadir con argumentos sino mediante la seducción o el aturdimiento.
A estos miedos, impotencias y maniqueísmos, en los que basa su poder el régimen, puede ser enmarcado en lo que suele denominarse “el discurso de odio” y así lo describía recientemente Ibsen Martínez: ... “Es una mezcla de vieja retórica antiimperialista de la izquierda y nociones del progresismo posmoderno y postsoviético, al que se suma la palabrería bolivarianista. En lo esencial es un lenguaje totalitarista, orientado a la aniquilación del opositor”.
De manera cansona y fastidiosamente reiterada se escucha un discurso ya sin recurso, pleno de retórica, demagogia, insultos, burlas, generalizaciones y obviedades, alusiones religiosas, pero al mismo tiempo, sembrando odio y fractura para enardecer multitudes confundidas, resentidas y llenas de rencor social, transformados para la ocasión en un aturdido ejército, al cual les exige apoyo para continuar atornillado en el poder. Una pequeña muestra extraída de las 2 horas y 43 minutos del gastado “ritornelo” pronunciado con motivo de la inscripción ante el CNE:... “Para que respeten a la patria los majunches, los escuálidos, la burguesía”, los “peleles”, “vende patrias” e “hijos de mamá que nunca estudiaron”... “Necesitamos una Fuerza Armada fuerte y armada, la burguesía quiere desarmar a la población para hacernos débiles ante ataques de fuerzas extranjeras”...
Tampoco faltó el llamado a la conmiseración:... “En toda nuestra vida hemos ido de milagro en milagro, el 4 de Febrero nos salvamos de milagro, el 11 de Abril nos salvamos de milagro y ahora también estamos esperando un milagro”...
Así pues, una vez más se escucharon las pendencieras palabras, los cantos de sirena, el relato maniqueo y manipulador de conciencias y hasta de la fe y la sobredimensión del “iluminado” que con sus gritos agoreros tan solo pretende evitar por todos los medios que la voz fresca y suave del “Flaquito Capriles” siga ocupando todos los espacios del país, llevando el mensaje de reconciliación y unidad nacional, que en fin de cuentas, lo que realmente el pueblo anhela, aspira y clama. He aquí unas cuantas expresiones de Capriles en su intervención de 22 minutos...: “Yo no aspiro ser el presidente de un grupo, de un sector, yo quiero ser el Presidente de todos los venezolanos”... “Yo soy enemigo de la violencia, soy amigo de un país que tiene todo para avanzar”... “Yo no quiero más peleas en Venezuela, quiero la unión de todos. Vamos a unir a Venezuela cueste lo que cueste”... “El poder no es para dividir, es para unir, para trabajar, y lo más importante el poder es para servir”... “El 7 de octubre vamos a decidir, no entre dos hombres sino entre dos opciones de vida: un presente estancado y un futuro de progreso”...
Cuanta razón hay en Séneca en su máxima que nos indica que el discurso es la imagen del alma. Así las cosas, vamos todos unidos, a propiciarnos la esperanza, la concordia y la alegría que caracteriza nuestra manera de ser. El odio sólo puede ser superado si al ciudadano se le ofrece como meta de vida algo superior, y eso es lo que viene pregonando el joven Capriles, en su comprometido y tenaz caminar...
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